martes, julio 12, 2016

Adiós

https://www.youtube.com/watch?v=0YRICEt7XiY

Hoy por fin, en medio de un llanto contenido la deje ir. Es verdad que vista con los ojos del mundo, nuestra relación había terminado hacía mucho tiempo. Pero en alguna dimensión seguíamos atados por esos millones de hilos finísimos de la existencia, con los que se mantienen sujetas las cosas que se han amado. 

Todos los que han dejado una pareja lo aprendieron bien en medio del aderezo del dolor. Siempre hay que lidiar con fuertes lazos que son los más fáciles de desatar: escapar de los lugares comunes, renunciar a los amigos de ambos, claudicar de aquellos restaurantes, abandonar aquellos libros, enmudecer esas canciones. Pero esos millones de hilos invisibles bien trenzados por caricias y lágrimas y sonrisas y complicidades, esos, los más débiles, son los más difíciles de deshacer.

Así me pasó esta vez, desde que llegó a mi vida ocurrió esa pequeña distorsión en el espacio-tiempo que te llega sin aviso en medio de claves ambiguas, pero que reconoces de inmediato. Pasados los rituales y las formalidades de tratarnos como uno más, nos escogimos. Intercambiamos aromas y aventuras y sudor, y como no, lágrimas y alegrías. Fue mi preferida para ir a la cama, y sin que fuera su exigencia, luego fue la única para ir a la cama. Si el tiempo fuera infinito, también nosotros lo habríamos sido. Pero el tiempo está lejos de ser infinito, sus marcas de presente son por el contrario inexorables. Y pasó como en el final de las historias reales: sucumbió a tantos viajes, tantas carreras, tantas noches en vela y madrugadas anticipadas. Pagó el precio de ser mi favorita, pago el precio de ser exclusiva. Su vejez y deterioro se precipitaron. Acusé el desgaste pero estaba demasiado embelesado para darme cuenta que, de cierta forma, conjuraba su muerte. Mientras me abrazaba y resguardaba y cubría, se agotaba. Vi los síntomas de sus finales, pero los ignore en mi favor.

Hoy por fin, en medio de un llanto contenido la deje ir. Habría podido dejar que se extinguiera para siempre hasta que fuera un despojo. Pero no se trata así a las cosas que amas. Allí estará, ahora: apacible y silenciosa. Con sus heridas y sus manchas...con nuestras victorias. Esperando en el fondo de mi closet a que a ambos nos lleve alguna sombra para siempre.

Mi complice en su morada final

1 comentario:

Katherine Lopez dijo...

Que profundo!!