domingo, marzo 30, 2014

Mal pelo


Voy que contarles esto: Mi amigo Y, al que llamáremos Y para proteger su identidad, aunque algunos pensarían que tiene razones para revelarse a sí mismo, está felizmente casado desde hace 8 años con X a la que llamáremos X por las mismas razones que llamamos Y a Y aunque no creo que X este muy contenta de revelarse en estos episodios. En fin, Y está felizmente casado con X desde hace 8 años, pero como todos nosotros, hace sus aportes al nutrido y manido libro de la infidelidad, sólo que a diferencia de lo que esperaríamos los infieles habituales, algunas de las páginas de Y  tienen trascendencia. 

Recientemente X me contó la última de las pilatunas de Y. Creo que ésta última, como las ideas de TED, merece la pena ser contada: Y es un buceador aficionado, halla paz mental en la sensación de maravilla que le producen las profundidades del océano. El buceo también le permite mantenerse en forma y de paso brinda coartadas estupendas para evadirse de X de vez en cuando. Un beneficio secundario insignificante. 

Como Y odia el bullicio de los carnavales de Barranquilla, planeó un viaje de buceo a Malpelo para sumergirse en el Pacífico, y como veremos luego, hacer otro tipo de inmersiones. Y le propuso a X que lo acompañara, pero X declinó la invitación preocupada por quién atendería a sus dos hijas los 4 días, y por encontrarse poco a gusto con un viaje al que X iba con otros varios amigos buceadores y ninguna esposa. Pero conocedora de las travesuras de su marido, X se propuso monitorearlo de cerca por sí aparecía alguna “buceadora” no deseada. 

De manera casual e inocente, X le escribía frecuentemente a Y, vía WhatsApp, animándolo a que le enviará fotos de los diferentes momentos de su aventura de expansión vital y conexión con la naturaleza. Durante los 4 días de su viaje de buceo, Y respondió a cada solicitud de X enviándole fotos en tiempo real, donde se podían apreciar los más hermosos paisajes del océano, la austera pero tranquila vida nocturna en el bote, aburridas rutinas de buceo, atardeceres con los amigos, Selfies con cándidos amaneceres desde cubierta... X también reforzaba la vigilancia con llamadas esporádicas, que Y casi nunca podía contestar, pero que respondía con cariño cuando la precaria señal celular en el bote se lo permitía. X no dejó de notar que al parecer la señal celular en Malpelo es una mierda para contestar las llamadas, pero el plan de datos para enviar fotos por WhatsApp es estupendo. Cosas de la tecnología de redes que pocos entienden. 

Y regresó extenuado de su viaje. Pero contando historias felices de 4 días en literal contacto profundo con el mar, y con los desafíos del poco pacífico Océano Pacífico. La cosa es que X nunca estuvo tranquila con esa paradójica condición de pobre señal celular pero estupenda señal de datos. Sus instintos sabuesos le decían que algo andaba mal. Pero la evidencia era abrumadora: fotos de 4 días con diferentes horas del día, diferentes lugares, diferentes personas, todo diferente. No había nada raro, pero algo andaba mal. 

Así fue como la neurosis de A la llevó al escenario casual e ingenuo de comparar las versiones del viaje con los amigos buceadores de Y. Todos contaron historias donde se incluía de manera sospechosa a Y, todos contaron historias que no coincidían. X por supuesto pensó que la diferencia de relatos se debía a los bien conocidos pecados de la memoria que hemos aprendido a regañadientes de Schacter, pero también cabían otras posibilidades. 

Como ocurre con todo buen detective en las películas gringas, X masticó la evidencia durante tres días: el extraño vaivén de la señal celular, las llamadas no contestadas, las versiones desalineadas de los amigos...pero estaba la poderosa evidencia de 4 días de fotos en Malpelo desde las playas de Gorgona, tomadas en tiempo real y a demanda de X. Quizá el inocente viaje de buceo de Y, no fue más que un inocente viaje de buceo.

Pero mientras cambiaba a sus hijas para ir al colegio, X tuvo una epifanía:¡La ropa!

Una revisión cuidadosa de las fotos le reveló a X, que la ropa en las fotos era siempre diferente, pero sólo la de Y. Todos sus amigos tenían exactamente las mismas ropas en los diferentes momentos del día y durante los 4 días. Todo el escaparate se cayó. El plan maestro de Y no resistió el obsesivo escrutinio de X. ¿lo pillaron ya?

Y en efecto se fue en inocente viaje de buceo a Malpelo con los amigos pero sólo un día. Los otros tres estuvo, pacíficamente o no, con su amante en Bogotá. Claro que anticipando el monitoreo de X, Y se hizo a un acucioso catálogo de imágenes: los mismos momentos pueden aparecer muy distintos, incluso de distintos días con sólo mover el ángulo de la cámara. Si le agregas un cambio de ropa y de locaciones, puedes simular sin ningún esfuerzo 4 días de paseo habiendo estado solo uno. Los amigos de Y, como todos los amigos masculinos, estuvieron dispuestos a cubrir la coartada pero su entusiasmo no les alcanzó para lograr el teatro completo. Nunca sabremos si entendían o estaban enterados del plan de respaldo fotográfico de Y.

Gracias a X y a Y, sabemos que pedir fotos por demanda de tu pareja, no ofrece ninguna garantía fiable. A menos que estés lo suficientemente enferma como mi amiga MJ, quien luego de escuchar la historia de X y Y, cuando su pareja se va de viaje y reporta estar tranquilo y aburrido en el hotel le pide fotos tales como: - “Ahora mándame una del dedo gordo del pie sobre el gabinete del baño”.

Así fue como Y paso de ser un hombre inteligente a ser un hombre infiel (sólo están estas dos categorías). X lo echo de casa un par de días, pero ella confiesa que más por bruto y descarado que por infiel. Ya lo está perdonando. 

Quienes han oído la historia suelen coincidir en que quizá era una oscura y negativa premonición haber escogido de coartada para un affaire precisamente a Malpelo.

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