miércoles, marzo 14, 2012

Una de psicólogos


A mí querido amigo Jose, que es además psicólogo.

Desde que me gradué de psicólogo, siempre que estoy en una fiesta socializando con nuevas personas, y alguien me hace la consabida pregunta «¿A qué te dedicas?», yo respondo sin vacilación que soy contador publico.

Al parecer, mientras no nos adentremos en temas tributarios, los contadores son percibidos como miembros de una profesión decente y útil, pero especialmente, inofensivos. Lo se porque he ensayado con varias profesiones de fachada y todas tienen sus problemas. Los médicos generan inmediatamente una necesidad entre los contertulios, de mostrarte un grano o alguna cosa que les está creciendo para que les des un diagnostico rapidito y gratis. Frente a la ingeniería, la gente reacciona en forma más neutral, pero siempre hay otros ingenieros que empiezan evaluando tu área de especialización y terminan con un pulso de preguntas para probar tu competencia que pronto dan al traste con la fachada. Tampoco sirven máscaras profesionales como las artes o la música, pues puede haber ocasión de que demuestres tus talentos en la fiesta o reunión, y entonces, la vergüenza será memorable. Tampoco sirve decir que eres educador, enfermero, o trabajador social, pues entonces la gente se alejará lentamente para que no se les pegue tu mala racha. Olvídense de ocupaciones técnicas que todos miran con desdén y que ocasionarán llamadas posteriores para que te encargues de algún tubo o cable en la casa de alguien. Hay que abandonar también las profesiones u ocupaciones raras que generan jartas y extensas preguntas exploratorias. Lo del derecho está descartado pues se trata justamente de socializar y no de asustar a la gente. Pero sin duda, lo que tienes que mantener como el secreto mejor guardado de tu vida es que eres psicólogo. Esta alusión, acarrea en las audiencias lo peor de todas las percepciones y reacciones en relación con los oficios o profesiones.
La maldición de los psicólogos
Al parecer, es una manida estupidez convencional que los psicólogos a pesar de nuestros bajos salarios, mala formación, pantanoso estatuto epistemológico y  peor estatuto laboral, el que la gente piense que mantenemos una especie de súper poderes para analizar a las personas y leer su mente si se descuidan.
En cuanto digas que eres psicólogo, se hará un pequeño silencio entre todos, a veces será imperceptible pero allí estará. Luego, alguien dirá sin falta, usando una entonación melancólica «Yo siempre quise estudiar psicología». Se suspenderán los chistes y todo el mundo se acomodará un poco. Algunos hasta se encajarán mejor la camisa. Aniquilada la espontaneidad, se disolverá el grupo lentamente hasta quedar sólo un par de neuróticos para excusarse de algún comentario anterior que hicieron, generalmente de contenido sexual, y para preguntarte si puedes atenderlos en sesión privada pero desafortunadamente sin pago, pues justamente esa falta de solvencia es la raíz de sus problemas.
Una hermosa disciplina, una profesión...
Quienes confieren aún este extraño estatus a los psicólogos, siguiendo los designios de Humberto Eco quien nos llamó «Los nuevos dioses», desconocen con mucho, la penosa existencia que representa vivir a cuestas con una disciplina maravillosa que explora los designios del alma humana, pero que no alcanza para un consultorio bonito o un salario decente.
Lo tuve claro desde que era estudiante. Una vez me gane unos pesos extra organizando el caos del parqueadero en un congreso de ingeniería que se hizo en mi alma mater. Cientos de hermosos carros de los asistentes se arremolinaban en el insuficiente parqueadero. Unos meses después se organizó una convención de psicología y como parte del comité organizador, me ofrecí a poner algo de orden en la abrumadora experiencia del parqueadero. Por mis buenas gestiones, se reservó un amplio espacio exclusivamente para la convención y dispusimos conos naranja y un chaleco reflectivo para mí. Durante los dos días de convención aparecieron un par de Renault de esos que han visto varios dueños. Perceptivo como siempre, no pude dejar de notar que, o bien había una diferencia notable de ingresos entre ingenieros y psicólogos, o estos últimos eran gente con un gran sentido ecológico.
Paro de Psicólogos
La verdad de las cosas es que dejando de lado las fascinantes búsquedas de la psicología como disciplina, la profesión esta en recesión hace un rato. Y para empeorar las cosas, siempre he tenido la certeza creciente de que los psicólogos somos los únicos profesionales que no podemos mejorar nuestras condiciones en el mercado con una huelga general, amen de las áreas de aplicación específica. Si por ejemplo a los psicólogos clínicos se les diera por una huelga, los psiquiatras estarían felices de recibir su clientela y atenderla ahora si con ciencia y no con palabrería como sus antiguos dueños. Si a los psicólogos educativos se les diera por un paro general, un montón de profesiones bastardas provenientes del incierto maridaje entre la pedagogía y otras disciplinas, se haría fácilmente con la clientela y como no, a menor precio. Si a los psicólogos organizacionales se les diera por parar, los ingenieros industriales moverían su fecha nacional para ese día. Y si a los psicólogos sociales se les diera por un cese general de actividades, una caterva de "ologos" haría su agosto, encabezados claro por sociólogos y antropólogos.
Para que no nos enredemos, como dice mi suegra, hay que empezar por reconocer que aparte de la notable habilidad de decir muy pocas cosas con muchas palabras, hay muy pocas cosas que los psicólogos sepamos hacer para que alguien se moleste en pagarnos por ello. Los ingenieros tienen sus cálculos para que no vaya a ser y se caiga un puente, los abogados sus enreverados contratos y los médicos sus cirugías a corazón abierto, pero los psicólogos, creo que algo sabemos de aplicar unas pruebas.
Cambiando el discurso deficitario
Todo el tiempo llamo a mis estudiantes a esta reflexión de su propio futuro. Y sostengo que hay algunas cositas que cambiar para que empecemos a no tener que avergonzarnos en las fiestas ni esperar que nos pidan un taxi.

La primera de ellas es hablar duro en cualquier foro, tribuna o columna de opinión que se nos atraviese. En atención a todas las crisis de este país, gremios y sindicatos se pronuncian siempre. Pero sobre que opinan los psicólogos, suelen preguntarles a los arquitectos. Hay que levantar la voz y seguir una de las máximas con que nos entrenan en la universidad: ¡Si no puedes contra ellos confúndelos! Para eso somos buenos. A quien se plante de crítico valentón, le montamos una de aquellas historias freudianas que mezclan al susodicho en una misma trama con alguien que lo manoseaba y juegos sospechosos con la ropa interior de la mamá.

La segunda cosa es dejar de juntarnos con brujos, pastores y místicos que no hacen otra cosa que quitarnos clientela. Abajo los libros de metafísica en los estantes de psicología. Creo que no nos vendría mal un tribunal estilo "Santo Oficio" que persiga camelos y lleve uno que otro a la hoguera. Tampoco sobraría una policía más o menos secreta que pare en la calle a todo el que se vea llevao, osea, tenga cara de psicólogo. Se procederá entonces a montarlo en una van y pedirle sus papeles. Quien no porte consigo una copia de un artículo en una revista ISI se le desaparece discretamente en una fosa común de las que existían antes del gobierno de Uribe. A quien muestre sus papeles en regla se le deja ir con una advertencia. Se aceptarían algunas formas de tortura como obligarlos a un curso de pensamiento escéptico. Yo honestamente creo que a esto debería dedicarse el Colegio colombiano de Psicología y no a lo que sea que están haciendo ahora.

Pero no me hago ilusiones. Creo que los únicos cambios que experimentaremos los profesionales de la psicología en el corto plazo serán como dice un entrañable amigo psicólogo: A peor. Mientras tanto hay que seguir usando la fachada de contadores públicos y como no, asistir al próximo congreso de psicología en el carro que nos preste algún buen amigo ingeniero.

3 comentarios:

Jose dijo...

"Acido y Contundente" The New York Times
"Caustico análisis del insconsciente profesional de los pscólogos" Psychology Today

Anónimo dijo...

¿Qué se siente vivir de una profesión a la que le ve de esta manera?

SRose dijo...

con todo respeto, ni me he graduado y me siento de la misma manera con respecto a los sucesos de la reunion!!! hasta ya es mas descarado, te piden que les leas la mente!!! x'D