sábado, mayo 13, 2006

¡Arréglalo!

Ayer en la mañana dejé el carro mal parqueado donde siempre, y cuando salí a la calle, ya no estaba. Para curarme de la impresión inicial el “cuidacarros” me tranquilizo diciendo que la grúa se lo había llevado: - “Pero pilas que si te los alcanzas antes de que lleguen a los patios los puedes arreglar”. Lástima que la frustración no me dio para protagonizar una escena de película gringa, ya saben: “Siga esa grua”. En cambio me paralicé un poco y llamé a mi esposa a modo de catarsis. Ella me azuzó diciendo: “Pero vete para allá rápido y arréglalos”. Yo formulé los hijueputazos de rigor y tomé un taxi hacia lo que sabía era un infierno kafkiano: Los patios de Metrotránsito hogar e imperio de la vieja Apolonia.

Cuando llegamos el tipo del taxi compartió conmigo su amplia y sabia experiencia y me explicó que los agentes de tránsito no elaboran el comparendo en el sitio de la infracción, como debería ser, sino que esperan cuando llegue la gente a los patios: “Así que pilas, ve y arréglalos”. Ya en el patio de Metrotránsito un tipo me pico el ojo: “Papi, esta multa se te va por los trescientos ¿Cómo vamos a arreglar la vaina?” Y como yo le dije que si no debían esperar que esa propuesta se las hiciera uno, el sujeto cesó su tono de cortejó y me dijo en tono lapidario: “Bueno si te las tiras de honesto vaya y hable con el agente”. Mientras me daban un comparendo, osea, me partían, volví a hablar con mi esposa y ella también me dijo que nuestras finanzas no estaban para portarse honestos.

El cuidacarros, el taxista, mi esposa, los agentes… todo el mundo clamaba por un arreglo ¿Pillaron la farsa? Aunque es cierto que una de las acepciones de arreglo es tomarse la ley por propia mano, arreglar remite a orden, normas, coordinación, legalidad. Así las cosas, en una pataleta de legalidad decidí que ese día haría todo en forma legal y por las buenas y que al menos ese día no sobornaría a nadie ni me dejaría sobornar.

Las tentaciones no fueron pocas, especialmente las tentaciones para tomar un atajo a las filas eternas, la desidia de los empleados, el dinero de nuestras afanosas finanzas y toda la jauría de tramitadores en las oficinas que te ofrecen un cielo de 15 minutos y un buen “arreglo”.

Pero ese día había tomado la decisión de hacer todo por lo legal y por las buenas, así que me tomó cuatro horas y media, cerca de cuatro cientos mil pesos y una dosis de estrés cercana a lo letal. Pero en el balance también hay que poner una gran satisfacción por ser legal en medio de las miradas de compasión, y muchos aprendizajes sobre no parquearse mal.

Pese a las tentaciones y la aparente estupidez de mi conducta de ayer, tomé la decisión de no sobornar a nadie. Lo hice porque quería portarme bien, porque quería recibir la sanción por parquearme mal, lo hice porque voy a votar por Mockus para las presidenciales y esa es la Colombia que él propone: Legal y por las buenas. Al final descubrí que también lo hice porque creo que yo no me dejaría sobornar…no por pinches cien mil pesos.

2 comentarios:

Juan Ensuncho Bárcena dijo...

Por Mockus? Semejante payaso? Aún estás a tiempo de cambiarte a la Ola Amarilla.
Abrazos,
Juan

Anónimo dijo...

Semejante ejemplo de valor mi estimado Reinaldo, el tal Bárcena no sabe lo que dice, deje hablar solo al imbecil...