miércoles, abril 12, 2006

El Jopo

Parece que nunca acabaremos de documentar los extremos a los que puede llevar la represión, especialmente la represión asociada a la iglesia católica. A los 10° 14' N y 74°30' O se encuentra Las Canoas, corregimiento del municipio de Pivijay en el departamento del Magdalena. Canoa, como le llamamos cariñosamente fue víctima de uno de esos curas dogmáticos y autoritarios que se dan sus mañas para mantener la oscura moral medieval europea hasta en el ardiente trópico del Magdalena. Hay que decir claro que por sus niveles de desarrollo no hace falta ser un genio para asimilar al medioevo el corregimiento de Las Canoas en Pivijay. Ahuyentadas por los sermones apocalípticos del cura, todas las cantinas y puteaderos debieron irse hasta la salida del pueblo, y en la feroz competencia que implicó estar tan cerca unas de otras, se fueron acabando entre si hasta que sólo sobrevivió la de la cerveza más helada y el ron más barato ¿De qué otra manera se le puede llamar a una cantina sucia, maloliente y a la salida del pueblo? No hay opciones, se llamó para siempre: El Jopo.

El cura y las beatas del pueblo, que formaban el santo oficio, estuvieron felices con la erradicación del mal de sus vecindades, pero como suele pasar con los esquemas represivos, siempre habrá fisuras que resquebrajen las normas y auspicien esa sensación de “tiro por la culata”. Una vez que se popularizó el nombre de la cantina, nadie pudo evitar las invocaciones permanentes de sodomía, homosexualismo, Hardcore, Bondage, Shemale, Redhead, Upskirts, y toda suerte de parafilias que se convirtieron, sin ninguna intención subversiva, en la rutina de los hombres del pueblo.

Aparecieron por todas partes invitaciones como “¿Hey, que tal si nos metemos una caja de frías en el jopo?”. O confesiones del estilo: “El zurdo y yo nos empujamos anoche una garrafa de aguardiente en el jopo”. O reivindicaciones: “Si, estábamos emputaos pero estuvimos hablando, y nos metimos una botella de ron blanco en el jopo y se arreglaron las cosas”. O recetas de medicina tradicional: “Pa’al calor lo mejor es empujarse un par de cervezas heladas en el jopo”… Hagamos aquí una moción de suficiente ilustración en atención de los lectores más sensibles. Sería una tarea demasiado abyecta relatar lo que ocurre cuando se combina el nombre de la cantina con borracheras, entusiasmo y peleas.

Lejos estaba el pobre cura de imaginar, en medio de los discursos en que comparaba la calcinada Gomorra con la calcinante Canoa, el clima de ambigüedad que habría de generarse en el pueblo. Hoy, nadie está seguro de si las invitaciones corresponden a los inocentes malentendidos o a los deseos perversos, y también es claro que más de uno pesca en río revuelto.

Debido a este estado alterado de las cosas, quizá Canoa sea el único pueblo de la costa en el que la gente llama al honorable orificio en que remata el conducto digestivo y por el cual se expele el excremento: el esfínter anal.

1 comentario:

Amparo Victoria dijo...

En cuanto pueda me voy a dar una pasada por allí, a ver si me pego un par de frías en el... bar.