lunes, agosto 15, 2005

A punta de puntos

No falta nunca el psicólogo de avanzada que asegure que Skinner está felizmente en la morgue de la psicología. Que las ideas de los entrenadores de ratas son un vago y quizá vergonzoso recuerdo de tiempos idos y oscuros que nada tienen que ver con las extraordinarias aproximaciones sistémicas y conexionistas de la psicología de principios del siglo XXI.

Pues les tengo noticias: La vida moderna es una refutación permanente de esta necedad postconductista, pero aún si fuera verdad que los principios conductistas son algo así como cadáveres exangües, parece claro que se las arreglan bien desde el más allá para seguir jodiéndonos la vida. Por ejemplo con los puntitos.

Hace mucho tiempo, los conductistas dieron logar a los sistemas de economías de fichas en los que el cristiano participante debía acumular una cierta cantidad de puntos que luego cambiaba por privilegios extraordinarios; una aplicación directa y burda de los principios conductuales de reforzamiento positivo. La idea se popularizó rápidamente en hospicios, cárceles, escuelas, pabellones psiquiátricos y escuelas católicas que en mi modesta opinión, vienen a ser lo mismo.

Funciona así: Como suena demasiado a circo el que le des a un estudiante un cubito de azúcar cada vez que no muerde a su compañerita o cada vez que por fin se sienta en su sillita, tu les das un punto para su cuenta personal o dos o tres o depende de lo generoso que amanezcas diez o veinte. Cuando el chiquillo en cuestión o el paciente catatonico acumula cien puntos, pueden cambiarlos por premios que van desde cubitos de azúcar o doble recreo o menos choques eléctricos según el modelo pedagógico que profeses.

Con el reemplazo de las torpes ideas conductistas por modelos más robustos como la psicología del eneagrama o las terapias transpersonales, los sistemas de economía de fichas que ubican a los sujetos en el engorroso papel de ratas o pichones que reciben una bolita de comida por bajar la palanquita, cayeron rápidamente en desuso, y a mucho pesar de algunos maestros consagrados también la palmatoria y “Martín Moreno”.

Por eso es que me confunde un poco que habiendo superado tan primitivas formas de control conductual, nos tengan a punta de puntos en todos los chuzos que venden algo. No quiero ser grosero pero ya me late donde sabemos cada vez que me piden la tarjetita para acumular mis puntos y cuando veo que en todas partes te dan la oferta siempre que tengas los puntos y si has acumulado los puntos entonces te dejan entrar y si no compras doble pollo pierdes los puntos que llevabas hasta ahora y más vale que acumules los puntos en el período de tal a tal o no te dan más puntos y en todas partes, cines, supermercados cafeterías, droguerías y prostíbulos te enrostran en los recibos cuantos puntos tienes y cuantos te faltan para que al fin tomes tus cubitos de azúcar o la licuadora marca "Hoster". Eso claro, si no se han agotado las existencias.

Mira que los revisionistas de la psicología y la cultura procurando los pobres que no parezcamos una paloma que picotea un disco, y en cambio el Vivero sin fruncir el seño y sin mediar excusa te saca la foto en primera plana de un perro Dalmata que ya esta lleno de puntos y a ver si nos les perecemos todos antes del quince de septiembre.

Lo más lindo es que a menos que seas un obsesivo, un desempleado o un idiota, nunca te darán nada por los dichosos puntos porque el juego es ese: Nunca acumularás los suficientes (Reforzamiento de aproximaciones sucesivas: Moldeamiento), o los premios son sorpresas (Programas de intervalo variable), o te mamas de los puntos y te olvidas de ellos (Desesperanza aprendida), o era hasta agotar existencias (Delimitación contingente de metas). Ya sabes, cualquiera de esas desusadas maneras de control conductista.

Serán cosas de mi paranoia crónica pero el asunto dejó de ser la lindura de las millas acumuladas para el viajero frecuente y empieza a tomar visos extraños. El otro día hice una cita donde el dentista en un centro de de esos que agrupan endodoncistas, periodoncistas, ortodoncistas y toda clase de torturadores, y con el recibito de pago me dieron mi buena tarjetita para acumular puntos. Donde el dentista les digo.

4 comentarios:

Amparo Victoria dijo...

De todo lo anterior se desprende que, no te ganaste la licuadora, je je je. Un saludo

Anónimo dijo...

hola prof...

le doy de nuevo las gracias por tenerme en cuenta y si me parece muy interesante su clase ya que entre el enfoque cognitivo y el conductual hay mucho de que hablar, pero muy poco para instruirse...

att: olga lucia soto

Anónimo dijo...

Que ideas interesantes y acertadas, es impresionante como siguen en pie los metodos conductistas hasta es las cosas que menos pensamos, somos como la tara de skinner, jaja no mas puntos acumulables!

Anónimo dijo...

Genial profe, un motivo más para trascender con nuestra opinión crítica un sistema que se hace el bobo "pero de bobo no tiene nada"...