miércoles, abril 20, 2005

On-Line

Cómo usted tiene una de esas conexiones asimétricas del tipo DSL, abre en 0.93 milisegundos la página en cuestión, en la que se descubre una atractiva interfaz interactiva programada en Flash™. Las aplicaciones cliente servidor son impecables, y el diseño práctico e intuitivo. Todo está a menos de 2 clicks. Así que usted se autentica rápidamente con su password, selecciona del menú la ciudad, la fecha, película que quiere, y hasta puede escoger sus asientos desde el Plug-In interactivo de que dispone el sitio. Tarjeta de crédito o débito…y listo. Gracias por comprar sus boletas online en Cine Colombia, por seguridad, favor presente este código en la taquilla. Ya está. Toda la operación te toma 2 minutos. Ahh el siglo XXI.

El infierno empieza cuando usted llega a las taquillas del teatro. Es estreno, las colas son espantosamente largas, pero usted no se preocupa, tiene a la tecnología como aliado y posee el código que abre las puertas de los privilegios. La primera crisis de realidad empieza cuando nota que aunque las taquillas están perfectamente rotuladas: “ Telecineco”, “Reservas telefónicas”, “Tarjeta Cineco”…todas las filas están mezcladas. La sorpresa se apodera de usted cuando le dice a la dependiente que ha comprado las boletas por Internet. La chica lo queda viendo como si fuera ganador de un reality y le dice a sus compañeros “Este fue el señor que compró por Internet”. Si las colas no estuvieran tan largas hasta se tomarían una foto juntos. Le solicitan atentamente su cédula, la tarjeta con la que pagó, la impresión de la transacción por Internet y un certificado de que es usted una persona “mentalmente competente que no posee enfermedades infectocontagiosas y que por lo tanto puede vivir en sociedad”. Usted claro, sólo tiene un famélico código. Argumentos van y vienen, pero el hecho triste, es este: No hay papeles: no hay entradas.

Para el minuto 25 las tres cuartas partes de la fila ya ha entrado al teatro y como usted adora ver la película desde el logo de la montaña nevada, le pide un poco de diligencia a la dependiente que espera pacientemente a que chequeen su hoja de vida crediticia, ella le responde con ese desagradable tono de amabilidad impuesta: - “Lamentamos los inconvenientes causados, en adelante le recomendamos seguir las normas de la Super Industria y Comercio”. ¡Tienes que saber ciertas normas de la Superintendencia para comprar las boletas! Vaya cosa. Minuto 35 te hacen un baucher, firmas por aquí y por allá y te entregan las boletas. Si eres una persona con mucha suerte, coincidirán con la película y sillas que escogiste.

Mientras llenas un formato obligatorio de “Compras de boletas On-Line”, tu empiezas a notar un patrón en todo esto. En el banco tranquilamente te devuelven a casa porque “no hay línea”; En el Cajero Automático: “Lo sentimos, temporalmente fuera de servicio”; En la caja del supermercado, los códigos de barras no coinciden o el precio esta errado por ese espantoso sistema de rotular los estantes y no los productos; El scanner no lee tu tarjeta o el Datáfono está fuera de línea…En muchos almacenes han remplazado el lema “El cliente siempre tiene la razón” por “El sistema siempre tiene la razón”. Me asusta la idea de llegar a urgencias y que el sistema diga que estás muerto, entonces puedes zapatear joropo o cantarles un Aria de Verdi…te pondrán una etiqueta en el dedo gordo del pie aunque penosamente tengan que hacer que tu estado de ánimo coincida con el monitor.

Uno tiene la tentación de ponerse nostálgico, de añorar aquellos buenos tiempos en que dabas la plata y te entregaban unas boletitas de cartulina impresas, de cuando cada producto tenía el precio en la base, de cuando llevabas tu libreta de ahorros, de cuando el baucher lo hacía el rodillo de un maquinita que no requería “línea”…Pero hay que sacudirse el síndrome de envejecimiento y de espantarse la resistencia al cambio. Si me lo preguntarán, creo que el problema consiste en “Capacidad mental instalada”. Adivino una profunda fractura entre la inversión tecnológica y la capacitación de la dependiente de Cine Colombia; Entre la evolución de los scanners y la educación de las cajeras del Vivero. Relamiéndonos como estamos por el TLC, hay que preguntarse seriamente por los desfases entre compra de equipos y ajuste institucional y personal. Entre la infraestructura de servicios y la dependencia de sistemas cibernéticos. A mi también me despista ese 50% de la humanidad que nunca ha hecho una llamada telefónica, y no me refiero sólo a los suscriptores de EDT.

El desarrollo del software de las personas. Eso es en lo que yo invertiría, no en su entrenamiento funcional. La prueba de su autocontrol la encuentra en que al llegar a la cafetería del teatro y después de ordenar las crispetas más caras de la historia, la dependiente le sonríe y le dice: - “Le recordamos que también puede comprar los deliciosos productos de nuestra confitería a través de nuestra página web”.

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