sábado, abril 09, 2005

Librería Muerte

En buena hora nos envió Alcira la invitación del Banco de la República a través del teatro Amira de La Rosa, para que participemos en una serie de eventos académicos que tienen un fin extravagante: Acercar a los habitantes de la ciudad a la lectura y la literatura. Así que, haciendo caso omiso de Millôr, quien piensa que lo único más triste que un joven pesimista es un viejo optimista, voy a participar activamente de los seminarios a ver como logramos este despropósito venial en una ciudad que gravita entre las mismas discotecas de moda; la nueva ropa de moda, las ubicuas llamadas a trescientos el minuto, cada vez más de moda y las librerías cada vez menos de moda.

Si como sugirió el filósofo, las bibliotecas fueran el iris de la sociedad, La “Capital Estratégica de Colombia” tendría que ir buscando un buen seguro exequial. Pero si cambiásemos al otro ojo y miráramos el iris de las librerías, todos tendríamos la certeza creciente de habitar en una ciudad fantasma.

El inventario es el siguiente: La Librería Nacional ha cerrado su tradicional local de la calle 84, estrecho y familiar, para pasarse a los hipermercados de moda ¿Un movimiento desesperado por acercar los libros a la canasta familiar? La librería Paideia, amplia y generosa en sus dos locales de otrora, pasó hace poco el último que quedaba a un localito más estrecho y familiar. A la juiciosa librería Salamanca le pasó lo de la primera parte del Ave fénix. Casi no recuerdo el nombre y la suerte de otras librerías en la carrera 53, pero lo que si recuerdo es el esplendor fugaz de los locales tipo “Libros & Café” que de la mano de algún romántico aparecen como bellísimas estrellas fugaces que por supuesto no ven el alba. Ahora La Barda en la calle 76 reinicia el experimento con gran entusiasmo y desmemoria.

Nos quedan pues tres locales de la Nacional firmes y dignos. La Librería Karibe que hace buen honor a su nombre: no por la alegría de sus libros y su personal si no por lo caros que están. Nos queda un montón de relucientes y prolíficas librerías cristianas, la ilusión de La Barda y la desilusión de la entrañable Librería Vida cuyas tertulias de la tarde, amables y sabios vendedores, ambientes musicales, libros sin plástico y mesitas para niños, han dado paso a anaqueles cada vez más desiertos, colecciones cada vez más añejas y personal cada vez más ajeno. Bien dice lapidariamente mi amigo Jose que al menos deberían conservar algo de coherencia y pasar dignamente a llamarse: “Librería Muerte”.

1 comentario:

Juan Ensuncho Bárcena dijo...

Viejo Rei:
Es un fenómeno costeño. En Cartagena acaban de cerrar la encantadora Librería Bitácora. Cuaderno de navegación de los -cada vez más escasos - lectores de la ciudad durante 15 años. Una verdadera lástima. Mientras tanto el "reggaeton" campea, denigrante.

Juan Ensuncho Bárcena
http://ensuncho.blogspot.com