lunes, diciembre 06, 2004

A tus zapatos

He tomado el curso unas 6 veces pero nunca aprendo la lección. Primero fue la instalación eléctrica de la casa de mi compadre Hugo Dávila en la que después de 6 horas de trabajo, sólo 3 personas resultaron electrocutadas. Después fue el estante para libros de mí también comadre Martica López, en el que gastamos un jurgo de plata en madera y tornillos hasta que botamos lo que quedaba en un solar y quemamos la revista de bricolaje. El Profesor Aparicio, una vez nos vio cara de diseñadores de interiores e intentamos pintar su apartamento hasta que rondando la medianoche, en sólo una mirada cómplice, supimos que las paredes estaban horrendas y que había que dejar de jugar a “los pintorcitos”. También me toco a mí en mi propia casa con un problema sanitario a partir del cual voy a elaborar una anatomía de estos casos en que ignoramos tan ramplonamente a división social del trabajo que tantos rusos brillantes pulieron hace ya mucho tiempo.

Todo empieza cuando se nos presenta una necesidad o problema doméstico, que exige inmediata intervención de un técnico o un artesano. Por ejemplo, un baño tapado, unas paredes por pintar, una instalación eléctrica que montar, una biblioteca por hacer.

Luego vienen los catalizadores. Toda la gente a tu alrededor de dice que la cosa es muy simple y que eso na’más “es corta y clava”, te cuentan historias de trabajos maestros que cada quién ha hecho, y te enrostran lo que vale pagarle a esos abusivos plomeros, electricistas o pintores, para que te hagan un trabajito que a lo sumo te toma 1 hora y te ayuda a hacer ejercicio. Además, en HomeCenter ya encuentras todo casi hecho…

Tu la verdad no estás tan seguro, revisas tus habilidades, te preguntas por qué entonces hay carpinteros y pintores y electricistas. Pero los catalizadores van minando tu voluntad y claro el presupuesto familiar no está para gastos innecesarios, y tu papá te dice que entonces donde carajo echaste todo lo que te enseñó, y en Casa Club TV todo el mundo haciendo maravillas y mira: Rapidito y facilito. Y hasta divertido debe ser el asunto. 

Después viene la crisis testosteronica. ¿Quién si no yo soy el hombre de esta casa? ¿Quién el macho Alfa? Además, a mi arreglando aparatos no es que me vaya tan mal, y fíjate que le cambié el otro día los empaques a la manguera y que maravilla. Vas por tus herramientas y quizá por tus amigos ¿Para que coño si no, están los amigos? Tu mujer te mira con ese orgullo ancestral de las doncellas mirando a los guerreros, dispuesta a pagarte con lo que le quede de candor el pequeño esfuerzo con que resolverás de un plumazo la emergencia doméstica y te aplicas al trabajo que tanto dignifica al hombre…

Y luego viene la debacle. Resulta que no era tan fácil. Que el Diablo Rojo no funciona como dicen las instrucciones, que no eres tan diestro para los destornilladores como con el computador, que el agua se está rebosando y la cosa dejó de ser doméstica y podría requerir de Distrisalud y que te gastaste un platal en materiales y herramientas, y que como Hamlet, cada cosa que haces para mejorar, termina embarrándola, y a propósito tu estás bien embarrado ya, maldiciendo tu poca fuerza de voluntad y las enseñanzas de tu padre, y los programas de Casa Club, que mira que alguien va a destapar un inodoro sonriéndole a la cámara. Y tu mujer perdió la mirada de orgullo y te mira con ojos de “Ahí tienes, no hagas más que darle al control remoto del televisor”…

Luego la frustración y la tristeza que sobrevienen a la ilusión: El pequeño problema doméstico es ahora una emergencia, y nada, a llamar a los que saben, que por algo será que viven de eso. Y tú a escribir pendejadas en el computador que por lo visto es lo único que puedes hacer sin lastimar seriamente a nadie, y a ver si no lo dañas también y luego hay que llamar al técnico ahí si.

A las dos de la mañana, pensando en la plata que va a costarte el arreglito que hiciste o que no hiciste, sólo esperas haber aprendido la lección, y valorar como se debe el trabajo ajeno, y no ser tan tacaño, y no creer que lo que tu haces es complejísimo en cambio que cualquiera pinta una pared o hace un mueble o destapa un caño, así piensan los otros que una clasesita la da cualquiera y ya ves en las que andamos.

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