domingo, diciembre 10, 2017

Conversar es inútil Vol. 1

Laurel and Hardy en una animada conversación - http://www.telegraph.co.uk/comedy/comedians/laurel-and-hardy-funniest-lines/


Una de las ideas más convencionales de la psicología popular es que “hablando se entiende la gente”. Pero eso no es sólo una idea convencional, es también una estupidez convencional. Las conversaciones serán útiles para compartir información, pero son una peligrosa ilusión cuando se trata de entenderse, intercambiar juicios o peor aún modificarlos.


Considere esta historia:

Marcela y Carlos son hermanos, están juntos en un tranquilo viaje de vacaciones. Una tarde, deciden que sería interesante y divertido si hicieran el amor. Al menos sería una experiencia nueva para ellos. Marcela está tomando pastillas anticonceptivas, pero aun así Carlos usó un condón esa noche. Ambos disfrutaron mucho tener sexo entre ellos y sintieron una profunda y feliz conexión. Para evitar confusiones de otros, decidieron que no lo repetirían y mantendrían esa noche como un secreto especial de los dos para sentirse incluso más cerca el uno del otro.
¿Piensa usted que estuvo bien que Marcela y Carlos tuvieran sexo? Si es como la mayoría de las personas en los estudios de Jonathan Haidt[1], el creador de este experimento, responderá inmediatamente: “No, no está bien que dos hermanos tengan sexo” ¿Pero por qué no?
Quienes de inmediato dicen que estuvo mal que Marcela y Carlos tuvieran sexo, justifican su respuesta diciendo que todos saben de los problemas genéticos que puede ocasionar la endogamia, pasan por alto que usaron un doble método anticonceptivo; entonces se refieren a como eso puede dañar su relación, omitiendo que ambos sintieron una conexión profunda y se sintieron felices; otros argumentos se orientan a que esa situación puede lastimar a sus padres o familiares, olvidando que ambos decidieron que sería un secreto. Frente a los argumentos en contra, las personas suelen rascarse la cabeza y decir algo como: “Sé que estuvo mal, sólo que no puedo explicarte”.

Las personas no pueden explicar su posición frente a la relación de Marcela y Carlos debido a que con los juicios morales ocurre lo mismo que con los juicios estéticos y casi todos los demás juicios:  la argumentación viene después de que se ha adoptado una postura. Por ejemplo, cuando miramos una pintura, tenemos una sensación inmediata acerca de si nos gusta o no. Si alguien nos pregunta el porqué de nuestras sensaciones, tendremos que inventar explicaciones sobre el color, o la luz, tendremos que inventar explicaciones sobre algo que ya sentimos, y es muy poco probable que una argumentación contraria haga que usted cambie su impresión inicial.

Nuestros juicios y actitudes están profundamente anclados en creencias y emociones que no podemos verbalizar. Estamos llenos de pensamientos y afectos inefables. Cuando hacemos la apuesta de tener una “profunda conversación de sentido” para que otros cambien sus actitudes, pasamos por alto que la mente es como una federación de procesos, y que la mayoría de esos procesos son estados relativamente independientes que no están al alcance de las leyes federales del lenguaje, por lo que intentar modificarlos solo con una conversación como palanca es más o menos un ejercicio de futilidad.

Caricaturizamos las cantaletas y diatribas y sermones porque en el fondo reconocemos que no son útiles. Quizá son útiles para quien hace catarsis por medio de ellas, pero ciertamente no para quien la escucha. Pero entonces, ¿por qué ponemos tanta fuerza al lenguaje cuando intentamos cambios en otras personas? ¿Por qué es tan frecuente que frente a un conflicto interpersonal tengamos la tentación inmediata de “tenemos que hablar”?

Esta no es una pregunta tan difícil. Lo más externo de nuestra mente es el habla. Sólo recientemente las ciencias cognitivas han entendido la verdadera naturaleza de nuestros procesos cerebrales gracias a modernos recursos de imágenes cerebrales y avanzados modelos cognitivos, así que es probable que durante mucho tiempo más sigamos atados a la idea de que el pensamiento verbal consciente es la clave del pensamiento. No lo es. La clave del pensamiento es la experiencia integral de las personas, el lenguajes es una mínima porción de esta experiencia. En un siguiente post compartiré algunas alternativas que tenemos cuando nos interesa que otras personas logren cambios ya sean los amigos, o los hijos o nuestra pareja. Necesitamos alternativas porque todos tenemos una colección de frustraciones cuando hemos intentado transformar a otros mediante conversaciones que se repiten una y otra vez y empiezan con: “ya hemos hablado de esto…”.

La siguiente vez que esté a punto de conversar con alguien para hacerle “caer en cuenta” o “hacerlo entrar en razón”, o convencerlo de cambiar su voto en el Plebiscito por la paz, no pierda de vista que las actitudes de su interlocutor están construidas con muchos componentes afectivos y emocionales que se procesan en partes de nuestro cerebro que son más o menos ajenas al lenguaje. En muchos casos su interlocutor seguramente le escucha como los niños escuchan a los adultos en la serie Peanuts de Schulz (https://www.youtube.com/watch?v=diNlKDr9KPk). Necesita pensar en opciones que estén más al día con nuestra comprensión actual de cómo funciona la mente.
Mandamos a los niños a lavarse las manos antes de comer porque sabemos cómo funcionan los gérmenes. Es tiempo de poner al día nuestras prácticas interpersonales con ideas frescas sobre cómo funciona la mente.

Una vez me sorprendió una pareja de ancianos que se veían especialmente felices y amorosos en un restaurante, así que entablé conversación con ellos y averigüé que estaban felizmente casados desde hacía 66 años. Mi matrimonio más largo ha sido de 8 años, por lo que me interesé en el verdadero secreto para superar todos los conflictos que trae consigo la vida marital. La respuesta de la señora, fue uno de las semillas para escribir esta serie de textos:  “El secreto es no seguir el secreto que todos dan. Nunca nos sentamos a dialogar, sólo nos abrazamos y ya."

Vol. 2: Siempre hay más pensamiento que lenguaje
Vol. 3: Es un mono el que escucha, un mono sin poder de decisión.



[1] La historia de Marcela y Carlos, es una adaptación de las ideas de Jonathan Haidt: Haid, J. (2006) The Happiness Hypothesis. New York: Arrow 

martes, marzo 14, 2017

Una plegaria

Basado en una historia real...


El bus se detuvo brevemente frente a una iglesia y recordó que con Dios, tenía algunas cuentas que ajustar; no sabía entonces que en la noche que llegaba, habría de perdonar todos los pecados que Dios había cometido contra ella y que tendría que aplicarse a una de las plegarias más devotas de su vida.


Desde hacía años había estado coqueteando con una especie de ateísmo obligado, casi impuesto de fustigar como nueva psicóloga, con trabajos que consistían todos en tratar de enderezar los renglones torcidos de Dios. Pero las cosas estaban siendo un poco distintas por estos días. Una de sus más caras plegarías estaba siendo contestada. Había estado orado en forma casi anónima por compañía, y él, era una gran compañía. Divertido y cercano, atento e inteligente; había casi exorcizado tantos días de soledad y de contemplar con envidia y desdén la vida romántica y ajena de los otros.
   Había orado por cuidado, y él la cuidaba. Anticipaba incluso algunos de sus caprichos, y estaba atento de cosas que sólo son ciertas cuando son ciertas; por ejemplo medicinas o aburridas diligencias cotidianas. Este tipo incluso hacía una Pomodoro genial que servía con elegancia. La Pomodoro siempre fue su salsa preferida, aunque nunca se lo diría. Si, le hacía sentir segura.
   Había orado por alguien hermoso y con el exceso de energía sexual que necesitaban sus apetitos, pero eran estas últimas, las fallas por las que había pensado que aún tenia que ajustar algunas cuentas con Dios. Sin embargo, estaba de nuevo en el juego de ser pareja. Alguien buscándola, alguien deseándola más allá de una sola noche, alguien para conversar y aprender. Alguien desplegando juegos de celos que a ella le encantaba jugar. Alguien al fin.
   Así que esa primera noche que compartieron la cama sólo para dormir, era la puerta de esos momentos metafísicos en que te olvidas del pesimismo y el escepticismo, y en cambio te preguntas: ¿Por qué no?
   Para esa primera noche él la invitó a quedarse con toda la cortesía de que fue capaz, una cortesía innecesaria. Antes de dormirse hubo más caricias que pasión, y atenciones y rondas. ¡Y ésa cama! Suave y firme y compleja. Con olor a jabón caro y texturas gruesas y tersas. Sensaciones todas muy ajenas de su cama ruidosa, su colchón deforme y sus sábanas flacas que rara vez se lavaban en propiedad. Pensó por un momento que podría dormir para siempre allí. Quizá hasta se lo merecía. Esperó un poco de acción de buenas noches, pero no apareció. Esa ausencia estuvo sí compensada por su proximidad intimidante y la calidez de su olor. Olía como a lo que debe oler el cielo. Cuándo apagó la ultima luz, y le dio un beso en la boca despidiéndose hasta mañana, ella se preguntó en la penumbra absoluta: ¿Y si fuera la primera de mil noches a su lado? Así, se dejó llevar de la paz y la mezcla de caricias de aquellas sábanas y aquella piel que seguía siendo suave a pesar del tiempo. Esperaba que fuera una larga noche.
   Pero como lo sospechaba, por vivir más desengaños recurrentes de los que resiste una misma vida, algo vendría a poner en jaque ésta veta de felicidad, y su última y única esperanza sería Dios.
En lo que calculó era la media noche, la despertó una sonora flatulencia, un sonido intenso, fuerte y claro del que descubrió con horror que ella era la autora. Allí estaba. En medio de la noche, en aquella escena romántica tantas veces anhelada, que estaba ahora a punto de colapsar por una grosera expresión de su biología.
   Se le heló la sangre. Repasó todas aquellas noche de soledad, de abandono, de horribles películas y comida chatarra, y la pesadilla del sábado por la noche con ese maldito programa de chistes que incluso aprendió a disfrutar. Todas aquellas noches de anhelar cualquier cosa parecida a quien le había invitado a su cama esa noche y prometido un desayuno delicioso. Todo estaba a punto de fenecer por un capricho de sus intestinos.
   Entonces oró. Pidió perdón por estar lejos. Convocó toda la fe de que fue capaz. Le recordó a Dios cuanta devoción había puesto en sus años más jóvenes. Y oró con toda la fuerza de su alma. Apretó las manos en la oscuridad y se postró mentalmente de rodillas. Todo lo que necesitaba, todo lo que pedía era un milagro más. El último que pediría en lo que le quedara de vida: Que por favor fuera una flatulencia inofensiva. Qué por piedad, él no despertara sofocado por su miasma inmundo...

martes, julio 12, 2016

Adiós

https://www.youtube.com/watch?v=0YRICEt7XiY

Hoy por fin, en medio de un llanto contenido la deje ir. Es verdad que vista con los ojos del mundo, nuestra relación había terminado hacía mucho tiempo. Pero en alguna dimensión seguíamos atados por esos millones de hilos finísimos de la existencia, con los que se mantienen sujetas las cosas que se han amado. 

Todos los que han dejado una pareja lo aprendieron bien en medio del aderezo del dolor. Siempre hay que lidiar con fuertes lazos que son los más fáciles de desatar: escapar de los lugares comunes, renunciar a los amigos de ambos, claudicar de aquellos restaurantes, abandonar aquellos libros, enmudecer esas canciones. Pero esos millones de hilos invisibles bien trenzados por caricias y lágrimas y sonrisas y complicidades, esos, los más débiles, son los más difíciles de deshacer.

Así me pasó esta vez, desde que llegó a mi vida ocurrió esa pequeña distorsión en el espacio-tiempo que te llega sin aviso en medio de claves ambiguas, pero que reconoces de inmediato. Pasados los rituales y las formalidades de tratarnos como uno más, nos escogimos. Intercambiamos aromas y aventuras y sudor, y como no, lágrimas y alegrías. Fue mi preferida para ir a la cama, y sin que fuera su exigencia, luego fue la única para ir a la cama. Si el tiempo fuera infinito, también nosotros lo habríamos sido. Pero el tiempo está lejos de ser infinito, sus marcas de presente son por el contrario inexorables. Y pasó como en el final de las historias reales: sucumbió a tantos viajes, tantas carreras, tantas noches en vela y madrugadas anticipadas. Pagó el precio de ser mi favorita, pago el precio de ser exclusiva. Su vejez y deterioro se precipitaron. Acusé el desgaste pero estaba demasiado embelesado para darme cuenta que, de cierta forma, conjuraba su muerte. Mientras me abrazaba y resguardaba y cubría, se agotaba. Vi los síntomas de sus finales, pero los ignore en mi favor.

Hoy por fin, en medio de un llanto contenido la deje ir. Habría podido dejar que se extinguiera para siempre hasta que fuera un despojo. Pero no se trata así a las cosas que amas. Allí estará, ahora: apacible y silenciosa. Con sus heridas y sus manchas...con nuestras victorias. Esperando en el fondo de mi closet a que a ambos nos lleve alguna sombra para siempre.

Mi complice en su morada final

martes, julio 28, 2015

Sobre esto de la docencia




No soy un profesor popular, eso es seguro. Se de buena fuente que mis estudiantes han pervertido mi apellido para llamarme Reinaldo "Tiniebles" aunque por supuesto nunca me enteraré del verdadero remoquete...

Es por esto que me resultó tan inesperado que una de mis antiguas padawans me escriba para que le ayude en su incipiente carrera de docente. Escribió pidiendo "algunos trucos" para ser buen profesor. Yo mordí el anzuelo del elogio. Aunque de repente tengo la sospecha de que quizá no capté la ironía de su mensaje. En todo caso le envié algunas pistas. No del profesor que soy, pero si del que me gustaría ser. La lista podría ser como no, otra antología inútil pero igual aquí van mis consejos para recién iniciados:

1. Cambie el salón
Me refiero a físicamente. El ambiente condiciona la manera como disponemos nuestras mentes. Al principio habrá resistencia pero al final al menos recordarán que usted cambiaba el salón. Dispónga el salón por parejas, otro día disponga un círculo, alguna vez en pequeños grupos y un día cualquiera póngalos a todos de espaldas.

2. Haga exámenes en los que los estudiantes puedan usar todos sus recursos
Esto le obligará a diseñar evaluaciones libres de esquemas memorísticos y disminuirá la ansiedad frente a la evaluación, pero además condicionará su clase hacia una experiencia de construcción y no para recordar contenidos.

3. Use las redes sociales
Los estudiantes las usan. Es una nueva realidad de nuestro mundo, y puede generar flujos de información y conocimiento que hagan de la clase una experiencia extendida mucho más allá del curso.

4. Extienda la red
No se enfoque en los contenidos de la clase. Lo más probable es que estén obsoletos en pocos años, si es que ya no lo están. Concéntrese en transferir su experiencia más genuina, sus fuentes, sus conocimientos procedimentales, sus opiniones y sus pasiones. Los estudiantes podrán olvidar los contenidos pero no los elementos que usted transfiera de su vida.

5. Cuente historias
Nada vincula más a los estudiantes que una historia, especialmente si está en clave autobiográfica. Historias! Pero no chistes. Cada vez que usted cuente un chiste, el respeto de sus estudiantes disminuirá un 20% No hay forma de que un profesor cuente un chiste divertido.

6. Tumbe el muro
La implicación emocional es crítica. Somo seres emocionales. Apunte al sistema límbico de sus estudiantes. Bájese del pedestal y trabaje en la confianza y respeto, no en poder y control.

7. Cambie los roles
Evaluar, presentar, tomar notas, usar el tablero, pasar la lista...no tienen que ser tareas o roles fijos del estudiante o del profesor. Juegue con los roles.

8. Aprendase los nombres
Los estudiantes estarán mejor dispuestos si usted les llama por su nombre. Los narradores deportivos necesitan aprende el nombre de los jugadores, un docente necesita aprender el nombre de sus estudiantes. Llamar a alguien por su nombre es un pre requisito de una relación social significativa.

9. Resuelva un problema en cada clase
Eso hará que la clase sea potente. Mejor si la pregunta es un enigma. Los seres humanos somos curiosos y nos encanta resolver enigmas y misterios. Aquí es donde usted debe preguntarse ¿cuál es la diferencia entre un enigma y un misterio?

10. Sorprenda
Haga que la clase sea impredecible. Uno de mis profesores entró una vez a clase con un paquete de toallas sanitarias, abrió una, despegó el papel y se pegó en la mano la parte engomada, así, borró el tablero. Nunca olvidaremos esa tontería. 

11. Share the stage
Invite a alguien. Eso dará dinámica a la clase y los estudiantes sabrán que usted pertenece a una red. Escucharán otras ideas y usted aliviará un poco la carga. Los invitados a clase evitan la entropía.

12. Sospeche
Nunca suponga que sus estudiantes están aprendiendo. Verifique permanentemente los aprendizajes. Con evaluación pero no con calificaciones. Si usted termina una explicación, solicita preguntas y no hay ninguna, puede estar seguro de que nadie entendió nada.

13. No se obsesione con ninguno de estos consejos, las clases son sistemas orgánicos, responden a reglas sistémicas y son impredecibles lo más probable es que todo y nada funcione.

domingo, marzo 30, 2014

Mal pelo


Voy que contarles esto: Mi amigo Y, al que llamáremos Y para proteger su identidad, aunque algunos pensarían que tiene razones para revelarse a sí mismo, está felizmente casado desde hace 8 años con X a la que llamáremos X por las mismas razones que llamamos Y a Y aunque no creo que X este muy contenta de revelarse en estos episodios. En fin, Y está felizmente casado con X desde hace 8 años, pero como todos nosotros, hace sus aportes al nutrido y manido libro de la infidelidad, sólo que a diferencia de lo que esperaríamos los infieles habituales, algunas de las páginas de Y  tienen trascendencia. 

Recientemente X me contó la última de las pilatunas de Y. Creo que ésta última, como las ideas de TED, merece la pena ser contada: Y es un buceador aficionado, halla paz mental en la sensación de maravilla que le producen las profundidades del océano. El buceo también le permite mantenerse en forma y de paso brinda coartadas estupendas para evadirse de X de vez en cuando. Un beneficio secundario insignificante. 

Como Y odia el bullicio de los carnavales de Barranquilla, planeó un viaje de buceo a Malpelo para sumergirse en el Pacífico, y como veremos luego, hacer otro tipo de inmersiones. Y le propuso a X que lo acompañara, pero X declinó la invitación preocupada por quién atendería a sus dos hijas los 4 días, y por encontrarse poco a gusto con un viaje al que X iba con otros varios amigos buceadores y ninguna esposa. Pero conocedora de las travesuras de su marido, X se propuso monitorearlo de cerca por sí aparecía alguna “buceadora” no deseada. 

De manera casual e inocente, X le escribía frecuentemente a Y, vía WhatsApp, animándolo a que le enviará fotos de los diferentes momentos de su aventura de expansión vital y conexión con la naturaleza. Durante los 4 días de su viaje de buceo, Y respondió a cada solicitud de X enviándole fotos en tiempo real, donde se podían apreciar los más hermosos paisajes del océano, la austera pero tranquila vida nocturna en el bote, aburridas rutinas de buceo, atardeceres con los amigos, Selfies con cándidos amaneceres desde cubierta... X también reforzaba la vigilancia con llamadas esporádicas, que Y casi nunca podía contestar, pero que respondía con cariño cuando la precaria señal celular en el bote se lo permitía. X no dejó de notar que al parecer la señal celular en Malpelo es una mierda para contestar las llamadas, pero el plan de datos para enviar fotos por WhatsApp es estupendo. Cosas de la tecnología de redes que pocos entienden. 

Y regresó extenuado de su viaje. Pero contando historias felices de 4 días en literal contacto profundo con el mar, y con los desafíos del poco pacífico Océano Pacífico. La cosa es que X nunca estuvo tranquila con esa paradójica condición de pobre señal celular pero estupenda señal de datos. Sus instintos sabuesos le decían que algo andaba mal. Pero la evidencia era abrumadora: fotos de 4 días con diferentes horas del día, diferentes lugares, diferentes personas, todo diferente. No había nada raro, pero algo andaba mal. 

Así fue como la neurosis de A la llevó al escenario casual e ingenuo de comparar las versiones del viaje con los amigos buceadores de Y. Todos contaron historias donde se incluía de manera sospechosa a Y, todos contaron historias que no coincidían. X por supuesto pensó que la diferencia de relatos se debía a los bien conocidos pecados de la memoria que hemos aprendido a regañadientes de Schacter, pero también cabían otras posibilidades. 

Como ocurre con todo buen detective en las películas gringas, X masticó la evidencia durante tres días: el extraño vaivén de la señal celular, las llamadas no contestadas, las versiones desalineadas de los amigos...pero estaba la poderosa evidencia de 4 días de fotos en Malpelo desde las playas de Gorgona, tomadas en tiempo real y a demanda de X. Quizá el inocente viaje de buceo de Y, no fue más que un inocente viaje de buceo.

Pero mientras cambiaba a sus hijas para ir al colegio, X tuvo una epifanía:¡La ropa!

Una revisión cuidadosa de las fotos le reveló a X, que la ropa en las fotos era siempre diferente, pero sólo la de Y. Todos sus amigos tenían exactamente las mismas ropas en los diferentes momentos del día y durante los 4 días. Todo el escaparate se cayó. El plan maestro de Y no resistió el obsesivo escrutinio de X. ¿lo pillaron ya?

Y en efecto se fue en inocente viaje de buceo a Malpelo con los amigos pero sólo un día. Los otros tres estuvo, pacíficamente o no, con su amante en Bogotá. Claro que anticipando el monitoreo de X, Y se hizo a un acucioso catálogo de imágenes: los mismos momentos pueden aparecer muy distintos, incluso de distintos días con sólo mover el ángulo de la cámara. Si le agregas un cambio de ropa y de locaciones, puedes simular sin ningún esfuerzo 4 días de paseo habiendo estado solo uno. Los amigos de Y, como todos los amigos masculinos, estuvieron dispuestos a cubrir la coartada pero su entusiasmo no les alcanzó para lograr el teatro completo. Nunca sabremos si entendían o estaban enterados del plan de respaldo fotográfico de Y.

Gracias a X y a Y, sabemos que pedir fotos por demanda de tu pareja, no ofrece ninguna garantía fiable. A menos que estés lo suficientemente enferma como mi amiga MJ, quien luego de escuchar la historia de X y Y, cuando su pareja se va de viaje y reporta estar tranquilo y aburrido en el hotel le pide fotos tales como: - “Ahora mándame una del dedo gordo del pie sobre el gabinete del baño”.

Así fue como Y paso de ser un hombre inteligente a ser un hombre infiel (sólo están estas dos categorías). X lo echo de casa un par de días, pero ella confiesa que más por bruto y descarado que por infiel. Ya lo está perdonando. 

Quienes han oído la historia suelen coincidir en que quizá era una oscura y negativa premonición haber escogido de coartada para un affaire precisamente a Malpelo.

miércoles, marzo 14, 2012

Una de psicólogos


A mí querido amigo Jose, que es además psicólogo.

Desde que me gradué de psicólogo, siempre que estoy en una fiesta socializando con nuevas personas, y alguien me hace la consabida pregunta «¿A qué te dedicas?», yo respondo sin vacilación que soy contador publico.

Al parecer, mientras no nos adentremos en temas tributarios, los contadores son percibidos como miembros de una profesión decente y útil, pero especialmente, inofensivos. Lo se porque he ensayado con varias profesiones de fachada y todas tienen sus problemas. Los médicos generan inmediatamente una necesidad entre los contertulios, de mostrarte un grano o alguna cosa que les está creciendo para que les des un diagnostico rapidito y gratis. Frente a la ingeniería, la gente reacciona en forma más neutral, pero siempre hay otros ingenieros que empiezan evaluando tu área de especialización y terminan con un pulso de preguntas para probar tu competencia que pronto dan al traste con la fachada. Tampoco sirven máscaras profesionales como las artes o la música, pues puede haber ocasión de que demuestres tus talentos en la fiesta o reunión, y entonces, la vergüenza será memorable. Tampoco sirve decir que eres educador, enfermero, o trabajador social, pues entonces la gente se alejará lentamente para que no se les pegue tu mala racha. Olvídense de ocupaciones técnicas que todos miran con desdén y que ocasionarán llamadas posteriores para que te encargues de algún tubo o cable en la casa de alguien. Hay que abandonar también las profesiones u ocupaciones raras que generan jartas y extensas preguntas exploratorias. Lo del derecho está descartado pues se trata justamente de socializar y no de asustar a la gente. Pero sin duda, lo que tienes que mantener como el secreto mejor guardado de tu vida es que eres psicólogo. Esta alusión, acarrea en las audiencias lo peor de todas las percepciones y reacciones en relación con los oficios o profesiones.
La maldición de los psicólogos
Al parecer, es una manida estupidez convencional que los psicólogos a pesar de nuestros bajos salarios, mala formación, pantanoso estatuto epistemológico y  peor estatuto laboral, el que la gente piense que mantenemos una especie de súper poderes para analizar a las personas y leer su mente si se descuidan.
En cuanto digas que eres psicólogo, se hará un pequeño silencio entre todos, a veces será imperceptible pero allí estará. Luego, alguien dirá sin falta, usando una entonación melancólica «Yo siempre quise estudiar psicología». Se suspenderán los chistes y todo el mundo se acomodará un poco. Algunos hasta se encajarán mejor la camisa. Aniquilada la espontaneidad, se disolverá el grupo lentamente hasta quedar sólo un par de neuróticos para excusarse de algún comentario anterior que hicieron, generalmente de contenido sexual, y para preguntarte si puedes atenderlos en sesión privada pero desafortunadamente sin pago, pues justamente esa falta de solvencia es la raíz de sus problemas.
Una hermosa disciplina, una profesión...
Quienes confieren aún este extraño estatus a los psicólogos, siguiendo los designios de Humberto Eco quien nos llamó «Los nuevos dioses», desconocen con mucho, la penosa existencia que representa vivir a cuestas con una disciplina maravillosa que explora los designios del alma humana, pero que no alcanza para un consultorio bonito o un salario decente.
Lo tuve claro desde que era estudiante. Una vez me gane unos pesos extra organizando el caos del parqueadero en un congreso de ingeniería que se hizo en mi alma mater. Cientos de hermosos carros de los asistentes se arremolinaban en el insuficiente parqueadero. Unos meses después se organizó una convención de psicología y como parte del comité organizador, me ofrecí a poner algo de orden en la abrumadora experiencia del parqueadero. Por mis buenas gestiones, se reservó un amplio espacio exclusivamente para la convención y dispusimos conos naranja y un chaleco reflectivo para mí. Durante los dos días de convención aparecieron un par de Renault de esos que han visto varios dueños. Perceptivo como siempre, no pude dejar de notar que, o bien había una diferencia notable de ingresos entre ingenieros y psicólogos, o estos últimos eran gente con un gran sentido ecológico.
Paro de Psicólogos
La verdad de las cosas es que dejando de lado las fascinantes búsquedas de la psicología como disciplina, la profesión esta en recesión hace un rato. Y para empeorar las cosas, siempre he tenido la certeza creciente de que los psicólogos somos los únicos profesionales que no podemos mejorar nuestras condiciones en el mercado con una huelga general, amen de las áreas de aplicación específica. Si por ejemplo a los psicólogos clínicos se les diera por una huelga, los psiquiatras estarían felices de recibir su clientela y atenderla ahora si con ciencia y no con palabrería como sus antiguos dueños. Si a los psicólogos educativos se les diera por un paro general, un montón de profesiones bastardas provenientes del incierto maridaje entre la pedagogía y otras disciplinas, se haría fácilmente con la clientela y como no, a menor precio. Si a los psicólogos organizacionales se les diera por parar, los ingenieros industriales moverían su fecha nacional para ese día. Y si a los psicólogos sociales se les diera por un cese general de actividades, una caterva de "ologos" haría su agosto, encabezados claro por sociólogos y antropólogos.
Para que no nos enredemos, como dice mi suegra, hay que empezar por reconocer que aparte de la notable habilidad de decir muy pocas cosas con muchas palabras, hay muy pocas cosas que los psicólogos sepamos hacer para que alguien se moleste en pagarnos por ello. Los ingenieros tienen sus cálculos para que no vaya a ser y se caiga un puente, los abogados sus enreverados contratos y los médicos sus cirugías a corazón abierto, pero los psicólogos, creo que algo sabemos de aplicar unas pruebas.
Cambiando el discurso deficitario
Todo el tiempo llamo a mis estudiantes a esta reflexión de su propio futuro. Y sostengo que hay algunas cositas que cambiar para que empecemos a no tener que avergonzarnos en las fiestas ni esperar que nos pidan un taxi.

La primera de ellas es hablar duro en cualquier foro, tribuna o columna de opinión que se nos atraviese. En atención a todas las crisis de este país, gremios y sindicatos se pronuncian siempre. Pero sobre que opinan los psicólogos, suelen preguntarles a los arquitectos. Hay que levantar la voz y seguir una de las máximas con que nos entrenan en la universidad: ¡Si no puedes contra ellos confúndelos! Para eso somos buenos. A quien se plante de crítico valentón, le montamos una de aquellas historias freudianas que mezclan al susodicho en una misma trama con alguien que lo manoseaba y juegos sospechosos con la ropa interior de la mamá.

La segunda cosa es dejar de juntarnos con brujos, pastores y místicos que no hacen otra cosa que quitarnos clientela. Abajo los libros de metafísica en los estantes de psicología. Creo que no nos vendría mal un tribunal estilo "Santo Oficio" que persiga camelos y lleve uno que otro a la hoguera. Tampoco sobraría una policía más o menos secreta que pare en la calle a todo el que se vea llevao, osea, tenga cara de psicólogo. Se procederá entonces a montarlo en una van y pedirle sus papeles. Quien no porte consigo una copia de un artículo en una revista ISI se le desaparece discretamente en una fosa común de las que existían antes del gobierno de Uribe. A quien muestre sus papeles en regla se le deja ir con una advertencia. Se aceptarían algunas formas de tortura como obligarlos a un curso de pensamiento escéptico. Yo honestamente creo que a esto debería dedicarse el Colegio colombiano de Psicología y no a lo que sea que están haciendo ahora.

Pero no me hago ilusiones. Creo que los únicos cambios que experimentaremos los profesionales de la psicología en el corto plazo serán como dice un entrañable amigo psicólogo: A peor. Mientras tanto hay que seguir usando la fachada de contadores públicos y como no, asistir al próximo congreso de psicología en el carro que nos preste algún buen amigo ingeniero.

domingo, enero 29, 2012

El paraíso perdido

Emil Nolde lost paradise 
Source: artinvestment.ru


Estaba en clase recordando a mis estudiantes que fueron las mujeres y no los hombres las innovadoras que asentaron los cimientos de nuestra civilización. 


Es una querida idea de Ritchie Calder que pueden leer completa en una entrada que hice en Scribd (Glosa). Lo cierto es que como en casi todas las historias de nuestras civilizaciones antiguas en las que se exalta sin remilgos el papel fundante del genero femenino, también en la judeo-cristiana, se "culpa" a una mujer de haber comido del fruto del árbol del saber y haber incitado al pobre Adán a hacerlo. No se si todos han notado ya que Eva buscó el fruto prohibido porque estaba evidentemente aburrida e inconforme ¡en el paraíso! Pero dejado de lado este detalle superfluo, debo admitir que esta historia del génesis que siempre me ha parecido de las patrañas más estúpidas y menos divertidas de la Biblia, empieza a tener para mi un nuevo sentido ahora que ando en búsqueda de una explicación laica, simple y elegante de la naturaleza humana.


Adán, Eva y los Extra terrestres
Todos la conocen. La historia va más o menos así: hay extraterrestres por allí. No nos contactan porque son muy juiciosos y superiores y respetuosos de la libre determinación del universo pero están claro, organizados en una especie de naciones unidas intergalactica que tiene un oficina con pocos fondos (básicamente por falta de un foundrainsing agresivo) que monitorea la actividad evolutiva en todo el universo. Tecnológicamente ilimitados como son, les queda ñame explorar cada uno de los planetitas existentes incluyendo nuestro punto azul pálido. un día sus monitores dicen que una primitiva forma de vida está empezando a emitir esa extraña forma de actividad biológica que los lleva a hacerse preguntas. Así que nuestros verdaderos hermanos mayores desde su oficina con pocos fondos nos dan un empujoncito encarnándose en una serpiente. Después de una manzana y tal allí lo tienes: el paraíso perdido.


Perder el paraíso claro es una forma de hacerse humanos. Una simple explicación de lo que nos hace humanos es justamente aquello que es lo opuesto a lo animal. Nuestra capacidad de sobreponernos al determinismo biológico es lo que a mi me gusta de la humanidad. Ese momento en el que suena el despertador a las 5:00 a.m. y todo tu animal grita "5 minutitos más", pero ese pedacito de corteza cerebral en el lóbulo prefrontal hace que te levantes a hacer ejercicio.


Será un simplificación burda pero bastante buena. Retrasar la gratificación por ejemplo es humano, sucumbir a las tentaciones inmediatas es lo animal...es el paraíso. Habrá quienes quieran desesperadamente volver al paraíso donde no había necesidad de progreso, ni filosofía ni iPods. Pero hay que aceptarlo: la vida es mejor con iPods. A mi se me hace el paraíso bastante aburrido. No conozco personalmente a Nolde, el pintor que invité a mi blog para amenizar este texto, pero por las caras de sus personajes adivino que está bastante de acuerdo conmigo.


Lo mejor de haber perdido el paraíso para mi es la posibilidad de encontrarlo. Podemos volver cuando queramos. Ya por vías medicamentosas que resultan casi todas ilegales o viendo una buena película de zombies y comiendo arroz chino con un helado de brownie esperándote impaciente en la nevera. esta es la fórmula básica del paraíso pero eso sí cada quién puede cambiar alguno de los tres elementos.